La normativa aprobada en 2010 es eficaz en la lucha contra el tabaquismo pasivo y lo ha reducido un 44% desde que entrara en vigor, pero no previene contra el inicio del hábito ni sirve para que haya menos fumadores. Tampoco reduce la cantidad de españoles que fuman, según revelan los datos de un estudio elaborado por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).
En ese paso intermedio entre el año 2000 y la actualidad, cuando la Ley de medidas sanitarias frente al tabaquismo prohibía fumar en lugares públicos y de trabajo, pero permitía el consumo en determinados locales de ocio y hostelería, el 46,7% de la población seguía expuesta al humo ambiental del tabaco en su tiempo libre, especialmente los más jóvenes, cuya exposición superaba el 80%.
Una investigación de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) sobre hábitos de consumo de drogas en universitarios afirma que el abuso de medicamentos sin prescripción médica entre los consumidores de cannabis, tabaco o alcohol puede considerarse “una forma más de poli-consumo de drogas”.
Según el último estudio ISTAPS, la intervención del personal sanitario de atención primaria es relevante para tratar de dejar de fumar. El 75% de los fumadores que pretenden seguir con su hábito cambian de opinión gracias a doctores y enfermeras aunque solo el 8% consigue dejar el tabaco de forma estable.
Un nuevo estudio, publicado en la revista Science, revela cómo la nicotina activa un grupo de neuronas del hipotálamo que transmiten sensación de saciedad. Los resultados contribuirán al desarrollo de nuevos tratamientos para controlar el peso de los exfumadores –con tendencia a engordar cuando abandonan este hábito-, y de las personas con obesidad.
Existe evidencia científica de que exponer a los menores al humo del tabaco de forma directa o indirecta les hace vulnerables a padecer dolencias respiratorias, problemas inmunitarios, hipertensión y otras enfermedades, además de agravar las que ya puedan sufrir, como el asma infantil. Según los expertos, ventilar las habitaciones minimiza los riesgos, pero no los elimina.
Una variación en la secuencia genética del receptor que regula la dependencia a la nicotina explica por qué hay personas a las que les cuesta más abandonar el hábito de fumar. Esta es la conclusión de un estudio estadounidense publicado esta semana en la revista PNAS.
Los fumadores ‘sanos’ sufren cambios en la expresión génica de sus pulmones similares a los que se observan en fumadores que han desarrollado la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica o EPOC. Así lo indica un nuevo estudio, liderado por investigadores catalanes, que confirma el papel crucial del consumo de tabaco en el origen de estas alteraciones.
El estudio señala que las imágenes utilizadas no son suficientemente impactantes para persuadir a los fumadores de dejar este hábito.