La misteriosa configuración de la nebulosa NGC 3132 es fruto del gas y polvo expulsado por una estrella moribunda, un material que luego fue arrojado en direcciones concretas por varias estrellas compañeras. Así lo muestra un estudio internacional, portada de Nature Astronomy, realizado con las observaciones del telescopio espacial James Webb.
El ojo dorado del telescopio espacial James Webb ha mostrado el universo con un detalle sin precedentes. Su puesta en marcha encabeza este año el ranking de los hitos científicos, entre los que también figuran el descubrimiento de la bacteria más grande del mundo, el desvío de un asteroide, ADN con dos millones de años de antigüedad, avances frente a los virus y la creatividad en la inteligencia artificial.
En la selección anual de personajes imprescindibles de la revista científica británica hay hombres y mujeres que han abierto nuevas vías en la exploración del universo, los trasplantes, la lucha contra la covid-19 y el cambio climático.
Gracias a los ‘ojos’ infrarrojos del telescopio espacial James Webb, se ha observado con una nitidez sin precedentes la luz difusa y muy débil de estrellas que no están unidas gravitacionalmente a ninguna galaxia dentro de grandes cúmulos. Los datos, procesados en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), también ofrecen pistas sobre la materia oscura.
Tres instrumentos del telescopio espacial James Webb han detectado monóxido y dióxido de carbono, agua, sodio y potasio en la capa gaseosa de WASP-39 b, un ‘saturno caliente’ situado a 700 años luz, y lo más sorprendente: dióxido de azufre. Esta molécula se produce por reacciones fotoquímicas inducidas por la energética luz de la estrella madre, como ocurre en la capa de ozono de la Tierra.
La nueva vista obtenida por el telescopio espacial de la NASA ayudará a los investigadores a renovar sus modelos de la formación estelar mediante la identificación de recuentos mucho más precisos de estrellas recién formadas, junto con las cantidades de gas y polvo de la región.
Imagen de Neptuno, con sus anillos y algunas de sus lunas, captadas por el Webb. / NASA, ESA, CSA, STScI
El telescopio espacial James Webb ha observado en luz infrarroja un joven gigante gaseoso, con una masa entre seis y 12 veces la de Júpiter, fuera de nuestro sistema solar. La calidad de la imagen revela el potencial de este observatorio para estudiar mundos lejanos.
Desde hace tres décadas, las fotografías sobre Astronomía recogidas por los telescopios espaciales asombran con sus colores vivos, brillantes y detalles exquisitos. Ahora, el telescopio James Webb promete ensanchar nuestra visión del cosmos con representaciones que evocan una experiencia sublime.