Un grupo de investigadores españoles ha puesto en marcha la Acción Matemática contra el Coronavirus para ayudar a predecir el número de personas que se contagiarán, hospitalizarán, saldrán adelante o fallecerán por COVID-19. La incertidumbre sobre el número actual de infectados es el principal escollo, según explica uno de los participantes en este proyecto colaborativo.
La revista Science ha publicado esta semana un estudio que modeliza las futuras estrategias de distanciamiento social para frenar la pandemia por COVID-19. Los expertos afirman que podría ser necesario alternar estas medidas hasta 2022 y apuntan que la incidencia total del virus hasta 2025 dependerá de la duración de la inmunidad humana, de ahí la necesidad de realizar estudios serológicos lo antes posible.
Los que conocen la historia de las enfermedades infecciosas saben que la epidemia actual por SARS-CoV-2 no es un fenómeno raro. No es necesario que científicos locos fabriquen virus para infectar a la humanidad. El estudio de varios coronavirus de los cerdos, que aparecieron en las granjas de todo el mundo desde los años 80, permite sacar varias conclusiones sobre la actual COVID-19.
La declaración del estado de alarma del pasado 14 de marzo ha logrado disminuir en un 79,5 % el número de posibles casos de COVID-19 en España, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Oviedo. Si no se hubiera tomado esta medida, las infecciones confirmadas hubieran pasado de 126 a 617 mil con fecha 4 de abril.
Laboratorios de siete universidades y seis centros de investigación, militares y veterinarios han recibido la validación del Instituto de Salud Carlos III para colaborar en el diagnóstico de la COVID-19 mediante test PCR. El proceso de evaluación para incorporación de nuevos centros continúa y podría alcanzar la cifra de 50, según el Ministerio de Ciencia e Innovación.
Cuando los pacientes con coronavirus comenzaron a llenar las unidades de cuidados intensivos, sus profesionales enseguida prepararon un plan de acción para atender a los cada vez más casos con insuficiencia respiratoria grave, sin olvidar los principios éticos al intubar. Ahora se sigue aplicando ventilación mecánica, se han extremado las medidas de protección individual y se buscan antivirales efectivos.
Mientras la mayor parte de la población aguarda en casa, los sanitarios trabajan expuestos al coronavirus. Los llamamos héroes, pero la mayoría no se sienten así. Lamentan que el repetido mantra de “la mejor sanidad del mundo” nos haga caer en la autocomplacencia. Llevan años reclamando mejoras y piden que los aplausos de los balcones se traduzcan en apoyos cuando todo esto pase.
En la crisis de la COVID-19 se han multiplicado los preprints, trabajos que se hacen públicos antes de revisarse. La velocidad es un arma útil que entraña riesgos al mezclarse trabajos de diferente credibilidad. Los expertos apuntan que el problema es mayor para la opinión pública que para los científicos, cuestionan las publicaciones tradicionales y creen que las formas de difundir la ciencia van a sufrir una revolución.
Solo una tigresa, dos perros y un gato han dado positivo en COVID-19, pero aún es pronto para saber la importancia de estos contagios, dice Rodríguez Ferri. Para una mejor prevención de este tipo de enfermedades, el científico recomienda que los veterinarios se incluyan en los comités de expertos de la COVID-19.
Los ensayos clínicos de provocación con vacunas son estudios experimentales de infección en humanos que han generado conocimientos científicos muy valiosos. Investigan si una hipotética vacuna protege a voluntarios frente a la infección provocada de forma controlada. Ahora, tres investigadores plantean su uso para investigar la eficacia y seguridad de vacunas frente al SARS-CoV-2. El debate ético está sobre la mesa.