La Cueva 338, en el valle de Núria, documenta ocupaciones humanas recurrentes desde hace más de 5 000 años y una de las evidencias más antiguas de explotación de minerales ricos en cobre de Europa occidental.
La investigación, que cuenta con participación española, destaca la presencia de familias nucleares monógamas y con reglas de parentesco influenciadas por el cristianismo durante el periodo conocido como ‘Edad Oscura’. Además, en vez de migraciones a gran escala, estas se produjeron en grupos más pequeños, basados en la familia o el parentesco.