Observar el sol durante el eclipse no es más peligroso per se que hacerlo en un día normal. Pero hay una diferencia clave: en un día soleado, contemplar directamente al astro rey nos molesta y apartamos la mirada, mientras que durante el eclipse la intensidad luminosa es mucho menor, por lo que nuestro cerebro ordena a nuestra pupila dilatarse para ver mejor.
Cada verano, cuando los incendios forestales vuelven a ocupar las portadas, reaparecen también las mismas explicaciones y las mismas soluciones aparentemente sencillas. "Hay que limpiar los montes". "El problema es el combustible". "Después habrá que restaurarlo todo". Son frases comprensibles y bienintencionadas, pero que, repetidas una y otra vez, terminan simplificando un fenómeno extraordinariamente complejo. Y las soluciones sencillas rara vez funcionan para los problemas complejos.