Un análisis de arqueología molecular con el superordenador MareNostrum demuestra que el ancestro de todos los eucariotas acumuló genes de varios grupos bacterianos y virus mucho antes de fusionarse con la mitocondria, lo que transforma el paradigma de la evolución celular.
Nuevas evidencias arqueológicas en la Sala Keimada documentan más de 11 000 años de actividad humana en el interior del gran complejo kárstico burgalés. El registro abarca desde el final del Paleolítico superior hasta épocas posteriores.